El lado vulnerable de Marilyn Monroe
MCT | 12/3/2011, 9:24 a.m.
MY WEEK WITH MARILYN
★★★
Reparto: Michelle Williams, Kenneth Branagh, Eddie Redmayne
Duración: 99 minutos
Cuando Marilyn Monroe entraba a una habitación, hombres y mujeres quedaban congelados en torno a ella. Atletas e intelectuales caían a sus pies. Incluso los presidentes.
¿Cómo fue que una actriz que llevaba el sello de Hollywood tuviera tanto magnetismo?
En My Week With Marilyn, Michelle Williams desaparece sin esfuerzo en la piel translúcida de Marilyn de una manera que el lente de la cámara parece empañarse de deseo. Así de buena es su actuación.
El año es 1956 y Monroe, en la cumbre de su popularidad como chica de calendario, está haciendo una película en Londres con el magistral actor Laurence Olivier.
Detrás del escenario, Monroe es un caos: drogada, paranoica, sofocada de inseguridades.
Monroe encuentra consuelo en uno de los jóvenes asistentes de Olivier, Colin Clark (la película está basada en sus memorias).
Forman una pareja incoherente porque Monroe está a mitad de su tercer matrimonio, esta vez con Arthur Miller.
Contada desde la perspectiva del joven, My Week With Marilyn está cargada de narraciones innecesarias.
Aunque las reflexiones explicativas de Colin mantienen la historia en movimiento, también tienden a cortarnos la inspiración que genera Williams.
Los descarnados papeles de la actriz le han dado nominaciones al Oscar (por Brokeback Mountain y Blue Valentine).
Su Marilyn es totalmente otra cosa. Williams se mueve sigilosa a lo largo del film, como una ninfa sexual empeñada en la conquista pero también, a veces, en ser la niña víctima, herida y temerosa.
Como Colin, el actor británico Eddie Redmayne es suficiente, pero inevitablemente es eclipsado por la realeza histriónica británica que interpreta a sus contemporáneos de los años 50.
Kenneth Branagh es hilarante como Olivier, mientras que Judi Dench devora sus escenas en un breve giro como la actriz en declive Dame Sybil Thorndike.
Los fugaces momentos de Colin con la mujer más famosa del siglo iluminan la compleja identidad de Monroe.
La actuación de Williams es la clave. Con ella, Williams descifra la belleza, el talento en bruto y la destructividad que fue, al final, la ruina de Marilyn.












