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La presencia invisible

Reflexiones Rosalinda Weisz | 5/24/2011, 11:16 a.m.

La conexión madre-hijo influye poderosamente en la percepción que el hijo varón va construyendo de sí mismo y también en el concepto que tendrá de la mujer una vez llegado a la adultez.

No debe sorprendernos que la sabiduría popular aconseje observar la relación madre-hijo para pronosticar la relación de ese hijo con su esposa.

A medida que el niño crece, su madre y las relaciones que ella tiene con otros hombres (esposo, novio, hermano, padre, amigo) ofrecen un modelo acerca de cómo interactúan los hombres con las mujeres. No es ésta, obviamente, la única influencia, ya que otras figuras del ambiente, particularmente su relación con el padre, también influirán notablemente en el desarrollo del varón.

Para ilustrar esta dinámica relataré la historia de Juan (ficticia pero semejante a muchos casos que he tratado), que me ha consultado por dificultades en su matrimonio. El papá de Juan era alcohólico, y esto provocaba repetidas peleas y conflictos entre sus padres. Juan fue testigo muchas veces de las interacciones violentas entre ambos, y escuchó a su madre hablarle a su padre en forma despectiva: eres un flojo, irresponsable, no sirves para nada.

Juan sentía lástima por su padre, que era un hombre pasivo y silencioso (excepto cuando tomaba). También abrigaba sentimientos ambivalentes hacia su madre, a quien admiraba por su voluntad férrea, ya que era gracias a ella que las necesidades básicas de la familia estaban cubiertas. Pero un resentimiento creciente embargaba a Juan cada vez que la madre humillaba a su padre.

Juan no se dio cuenta, cuando se enamoró de Diana, cuánto se parecía su novia a su madre. Diana era una muchacha alegre y ambiciosa, que conseguía lo que quería. Después de casados, y con el paso de los años, la admiración que le tenía se transformó en rencor, se sintió controlado y manejado por ella y la relación se le hizo intolerable. Juan comenzó a llegar tarde a casa para evitar las disputas y la distancia emocional ocupó el lugar del afecto.

¿Qué sucedió? Juan se identificó inconscientemente con su padre, es decir, "aprendió" de sus padres un modelo de relación en la cual el hombre depende de la mujer y se siente desvalorizado por ella. También "aprendió" a temer la crítica de su mujer y a evitarla en lugar de enfrentar el problema y resolverlo entre ambos. En sus sesiones de terapia Juan comprendió que había repetido una historia familiar penosa y que debía intentar nuevos caminos de conexión con su mujer.

Hay muchos otros aspectos de la relación con la madre, esa presencia invisible, que, desde el inconsciente, marcará la forma que adquirirán las interacciones del hijo con otras mujeres.

Es importante tomar conciencia de estos patrones familiares y "desaprender", modificándolos, aquellos aspectos que llevan a la frustración y al dolor.

Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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