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Migración, una trampa para los republicanos

Por RUBÉN NAVARRETTE | OPINÓN | 5/24/2011, 11:12 a.m.

Ahora sabemos que, cuando se trata de inmigración, los republicanos no aceptan bromas.

Para muestra, vean lo que ocurrió con la zanja. Durante su discurso sobre la inmigración en El Paso, el presidente Barack Obama afirmó que su gobierno ha respondido a las inquietudes de los que quieren una seguridad mayor en las fronteras.

"Querían más agentes en la frontera", expresó Obama. "Querían una cerca. ... Pero aunque hemos respondido a estas inquietudes, debo decir que sospecho que aún va a haber algunos que estén tratando de cambiar las reglas de juego una vez más. ... Quizás ahora necesitan una zanja. Quizás quieren cocodrilos en la zanja".

Esa fue la frase que captó la atención de muchos comentaristas conservadores. Les ofendió que Obama trivializara el tema de la seguridad fronteriza hablando de zanjas y cocodrilos.

El presidente no fue el primero en utilizar esa broma. Hace años, escuché al cómico George López retar a los restriccionistas a que cavaran una zanja en la frontera y la llenaran de cocodrilos. En dos semanas, dijo López, tendríamos gente vendiendo billeteras y cinturones.

No comprendo por qué los republicanos se alborotan tanto con la broma. Todo su enfoque sobre inmigración es una broma. Mientras los demócratas no son serios en su compromiso con la reforma migratoria, muchos republicanos no son ni siquiera capaces de sostener una discusión seria sobre el tema.

Sus argumentos no tienen sentido. Primero hacen demagogia con los nacionalistas dentro de su partido cuando nos dicen que un país como México es un lugar oscuro y disfuncional. Acto seguido, nos dicen que, si creamos un entorno hostil de este lado de la frontera, los indocumentados se autodeportarán a ese lugar oscuro y disfuncional.

Qué lástima que éste no sea el Partido Republicano de nuestros padres, que veía problemas y ofreció soluciones en lugar de frases vacías. En un debate presidencial del Partido Republicano, en 1980, Ronald Reagan y George H. W. Bush coincidieron sobre la necesidad de proporcionar una "amnistía" a los indocumentados. Cuando Reagan fue electo presidente, eso fue lo que hizo para más de 3 millones de indocumentados cuando firmó la Ley de Reforma y Control de la Inmigración de 1986 (IRCA). El principal patrocinador de esa ley histórica fue otro republicano, el senador Alan Simpson, de Wyoming.

A los restriccionistas de la inmigración les gusta decir que IRCA fracasó porque no detuvo la inmigración ilegal. Lo que los críticos no dicen es que sólo hay un motivo por el que los indocumentados siguen viniendo a Estados Unidos: los empleadores -más notablemente, las familias estadounidenses abrumadas por horarios demandantes y carentes de personal- siguieron contratándolos.

Cuando el Congreso tuvo la oportunidad de hacer algo al respecto, el Partido Republicano se negó. En 1996, el representante Lamar Smith, republicano por Texas, propuso la "Ley para la reforma de la inmigración ilegal y la responsabilidad del inmigrante", una legislación que facilitó la deportación de indocumentados y dificultó el reingreso legal al país. La ley tenía por objeto la exclusiva imposición de la ley. Pero como no castigó a los empleadores que contratan indocumentados, fue más bien una ley light. No es de sorprender que los indocumentados siguieran viniendo porque los empleadores continuaron contratándolos.