Propósitos para el Año Nuevo
Por ROSALINDA WEISZ | REFLEXIONES | 5/24/2011, 11:16 a.m.
El paso del tiempo y los ciclos de la vida han sido siempre reconocidos y celebrados por la humanidad a través de los siglos. Uno de los significados de las tradicionales fiestas con las que recibimos al nuevo año es que son un intento mágico de conjurar los malos espíritus que nos amenazan con un futuro difícil, mostrando ante ellos alegría y bienestar.
La costumbre de rodearnos de familiares y amigos y brindar, y el ritual de besar a los seres queridos, sería una forma de asegurarnos una vida futura marcada por la felicidad y por la estabilidad de los lazos afectivos.
Una práctica ligada al comienzo de un nuevo año es, sin duda, la de los consabidos "propósitos", promesas renovadas para cambiar y mejorar nuestras vidas. Ya sea que se trate de "bajar de peso", "cuidar la salud", "hacer nuevas amistades", "leer más" o "cambiar de trabajo", son muchos los que contemplan estas propuestas con una mirada escéptica.
La experiencia de hacer planes que terminan desgastándose en unos meses y nunca se cumplen, conduce a que muchos descarten el plantearse metas, y se dejen llevar por un tono amargo y pesimista. Sin embargo, esta actitud cínica es autodestructiva y falsa.
Proponerse objetivos para el año nuevo no es una práctica trivial, muy por el contrario, tomada con responsabilidad, es un acto que posee un valor profundo y que da sentido a una vida que intenta ser bien vivida.
Examinemos lo que sucede cuando pensamos en el año que se inicia: seguramente observaremos dónde estamos y adónde queremos llegar en algunos aspectos de nuestras vidas, y entonces desplegaremos estrategias para lograr las metas propuestas.
Este proceso es importante porque implica un reconocimiento de que el cambio es posible, pero más aún porque supone que sólo puede darse a través de un esfuerzo que requiere un compromiso y un tiempo, y que no ocurrirá mágicamente ni sólo porque lo hemos deseado.
Es lamentable que existan personas que viven la vida sin darle un rumbo, dejándose llevar pasivamente por las circunstancias que se les presentan, sin cuestionarse nada, sin dirección definida. Justamente son las promesas que nos formulamos cada año las que enriquecen la vida dándole un sentido y metas que señalarán el camino a seguir.
La solución para el problema del fracaso de nuestras promesas anuales consiste en plantearnos metas para mejorar nuestra vida no sólo una vez por año, sino todos los días, teniendo en cuenta que lo que les dará sentido será la intención de vivir una vida que tenga la dirección que queremos darle.
Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.
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