La Feria Estatal de Texas festeja 125 años
Los tiempos cambian, pero la feria sigue atrayendo a las nuevas generaciones
ERIC AASEN/DMN | 10/1/2011, 9:38 a.m.
No había chicle frito ni mantequilla frita…. ni rueda de la fortuna a la vista.
Pero la primera Feria Estatal de Texas, celebrada hace 125 años este otoño, atrajo a las multitudes con un trapecista y un chimpancé mecánico que ansiaba cigarros.
Los tiempos cambian y los estilos van y vienen, pero las cosas no han cambiado mucho en la feria, que inicia el viernes. Su simplicidad persiste.
A través de generaciones, los asistentes a la feria han disfrutado los placeres despreocupados de ver vacas y caballos, admirar cobijas y frascos de mermelada de mora premiados y, por supuesto, comer lo que se vende en la feria.
Nunca nadie ha pasado hambres en la feria. En 1886, en vez de comer corny dogs, los asistentes angullían sandwiches de salchicha y bebían tazas de cerveza mezclada con limonada.
No se detenían a admirar los autos de una expo automotriz; más bien examinaban detenidamente las calesas.
No había paseos en la góndola Texas SkyWay, sino carreras de caballos para entretener a la gente.
Cierto, no había Big Tex, pero aún así la primera feria fue un espectáculo.
Con el paso de los años, la Feria Estatal de Texas crecería hasta convertirse en la más grande y más larga feria estatal.
Muchos eventos tuvieron comienzos humildes. La feria no fue uno de ellos.
En 1886, líderes cívicos y empresariales de Dallas querían presumir su pequeña pero pujante ciudad al resto del país, así como cimentar el creciente deseo de Dallas de ser la principal ciudad de Texas.
El 7 de enero de 1886, el News anunció los planes para la Feria Estatal de Dallas con el encabezado “Un nuevo emprendimiento”; pero para marzo empezaron los problemas.
Los directores de la Feria Estatal ubicaron la feria en lo que ahora es Fair Park.
Pero representantes de intereses agrícolas, de maquinaria y vehículos se opusieron a la ubicación porque el suelo era “demasiado ceroso para exhibir equipo pesado”, escribió Nancy Wiley en The Great State Fair of Texas.
Organizaron una feria competidora, la Feria del Estado de Texas, que duraba menos y también tenía exhibiciones de agricultura.
La Feria Estatal de Dallas abrió el 26 de octubre de 1886 bajo un cielo soleado.
Las mujeres llegaron a la inauguración ataviadas con vistosos vestidos y sombreros, y los hombres enfundados en sus mejores trajes. Entraron al Salón de Exposiciones de 90,000 pies cuadrados.
Indios comanche entraron al edificio palaciego, lo mismo que la Banda Nacional de México, compuesta por 56 músicos, tocando una animada obertura.
Entonces, el alcalde de Dallas, John Henry Brown, se dirigió a los presentes, detallando cómo la transformación de los terrenos de la feria a lo largo de un año simbolizaba el rápido crecimiento de la ciudad, incorporada apenas 30 años antes.
Grandeza sin igual
Nada se comparaba con la grandeza del Salón de Exposiciones, donde había numerosas exhibiciones de moda, domésticas y artísticas.
“El Salón de Exposiciones, visto desde las galerías, parece una ciudad mágica en miniatura”, según The News, “sus pagodas, chapiteles, domos, torrecillas y minaretes, con indios, mexicanos y algunos turcos que se movían por sus pasillos le daban un esplendor oriental”.
Se podía caminar por un edificio en miniatura construido totalmente de jabón, o admirar una fuente — “un pintoresco jet d’eau” — que disparaba el agua a 50 pies de alto.
En el Salón de Exposiciones había una cabaña de madera, sus ventanas rellenas con trapos, adornadas con pieles de mapache y zarigüeya curadas y un huerto de plantas de tabaco.
Un hombre afroamericano estaba sentado enfrente con su violín tocando Arkansas Traveler y Billy in the Low Grounds, mientras una mujer, sentada cerca, lucía un vestido de antes de la guerra.
Luego estaba el mono mecánico “con un penacho de colores chillantes” que fumaba un cigarro y sostenía un par de gafas, haciendo gestos y pestañeando a la gente.
“Sin duda es el artefacto mecánico más atractivo jamás visto”, reportaba The News.
El 6 de noviembre de 1886 llegó a su fin la primera Feria Estatal de Dallas. Aunque 250,000 personas habían visitado el evento, la feria perdió al menos $100,000, según el libro de Wiley.
A pesar de las tensiones, la Feria Estatal de Dallas y la Feria del Estado de Texas se fusionaron en febrero de 1887.











