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La importancia del tacto en el tratamiento médico

| 10/21/2011, 4:05 p.m.
La importancia del tacto en el tratamiento médico
El cardiólogo Mark Drazner utiliza el tacto para detectar problemas. | MONA REEDER/AP

LO QUE REVELAN LAS MANOS

La doctora Amy Ighani, internista de Medical City Dallas, enumera los pasos de un examen físico:

Observación: “Miro sus facciones, su simetría; veo si no traen los ojos caídos; el cuello, para ver si hay hinchazón de tiroides. Los hago caminar para ver si no arrastran los pies y qué tan estable es su andar”.

Auscultación: “Es cuando se usa el estetoscopio para oír el corazón, los pulmones, el abdomen”, dice. En el corazón, “buscamos algún sonido irregular que pueden ser murmullos o ruidos”, los que ocurren cuando una arteria está obstruida.

Palpamiento: Esto implica presionar varias partes del cuerpo. “Palpamos el abdomen para ver si hay algún órgano hinchado, hernias, masas que no deberían estar ahí”.

Inspección: “Les examino la cabeza, la nariz, la garganta”, dice. “Les examino la nariz para ver si traen alguna alergia u obstrucción. Les reviso los dientes; si traen mucha bacteria en la boca y desarrollan un absceso, la bacteria se puede extender”.

Percusión: Consiste en dar golpecitos a un órgano. “¿Ya ve cómo le da un golpecito a una sandía para ver si suena sólida o hueca?”, dice. “De esta forma podemos saber si el hígado está dilatado. Con un golpe en la espalda se puede saber si en los pulmones hay aire o una acumulación de fluidos”.

Chequeo neurológico: Ighani revisa los reflejos y el nervio craneal haciendo al paciente ejecutar alguna maniobra (mover un dedo a la nariz, por ejemplo) y comprueba la fuerza de las manos, brazos y piernas.

El mundo de la medicina está lleno de joyas de la tecnología y sofisticadas máquinas. miden el funcionamiento del corazón y las ondas cerebrales; detectan tumores y confirman una rotura de huesos.

Intrincados exámenes diagnostican una enfermedad y determinan qué tan bien la está combatiendo una medicina.

Pero todas estas herramientas fueron precedidas por dos, poniendo la vara muy alta para lo que ahora despreocupadamente llamamos milagros de la medicina moderna: las manos.

“Tenemos tecnología maravillosa: escaneos de CT (tomografías) y PRT (tomografía por emisión de positrones) y el MRI (imagen por resonancia magnética)”, dice la doctora Amy Ighani, internista de Medical City Dallas Hospital. “Todo esto nos da una muy bonita proyección del paciente en 3D… pero no aportan el aspecto humano”.

Para otros, el tacto es un factor clave para hacer la conexión humana.

“Al poner las manos en el paciente —en sus hombros mientras lo mira a los ojos— se establece un vínculo, nace una confianza entre uno y el paciente”, dice Don Peska, doctor en osteopatía y decano del Colegio de Medicina Osteopática de Texas en el Centro de Ciencias de la Salud UNT en Fort Worth.

Este podría ser un don en peligro de extinción.

¿Un arte perdido?

El examen físico, dice Ighani, “está desapareciendo en el sentido de que estamos casi obligados, para poder completar el gasto, a ver a más y más pacientes. Tenemos que tomar atajos en algún punto. Desafortunadamente, a veces lo hacemos en el examen físico”.

En casi 20 años como cardiólogo, Mark Drazner ha notado una preocupación general por que los médicos recurren cada vez menos al historial clínico del paciente y a los exámenes físicos.

“Es un arte en extinción, como dicen algunos”, dice Drazner, director médico de insuficiencia cardiaca y transplantes de corazón en el Centro Médico UT Southwestern.

Drazner utiliza sus manos para examinar partes del cuerpo que uno no pensaría tienen mucha relación con el corazón. Una en particular le dice mucho: el cuello; específicamente, la vena yugular.

En su consultorio, Drazner examina a Leonard Robinson, de 52 años. Quiere ver si la yugular de Robinson está distendida, un indicador de insuficiencia cardiaca.

“Les digo a mis pacientes que es como un medidor de aceite”, dice Drazner. “Si hay una acumulación de fluidos, se puede ver en el cuello. La mejor herramienta que tenemos en el examen físico es ver si la yugular está distendida o no”.

También presionó el hígado de Robinson para ver si no estaba dilatado. Le toca los pies, presiona su espalda. En la primera consulta Robinson presentaba una seria hinchazón de todo el cuerpo. Dos cirugías después, Robinson ha perdido casi 80 libras de fluido y se siente “1,000% mejor”.

“No minimizaría la utilidad de la tecnología, pero mediante el historial clínico y la examinación física se puede obtener una cantidad increíble de información”, dice Drazner.