RUBÉN NAVARRETTE: Obama y Romney, igual de malos
RUBÉN NAVARRETTE JR./OPINIÓN | 4/20/2012, 6:11 p.m.
El presidente Obama y probablemente el candidato republicano, Mitt Romney, pasarán los próximos meses marcando contrastes e intentando convencer a los electores de que tienen filosofías políticas totalmente diferentes.
La ironía radica en que los dos son muy similares. Ambos son candidatos del establishment conocidos por no arriegarse y por recibir críticas de los extremos de sus partidos. Y ambos están dispuestos a hacer lo imposible para atraer a electores que están en el otro lado del espectro y que, habitualmente, se les escapan: conservadores, para Obama; liberales, para Romney.
Hasta sus esfuerzos para llegar a los hispanos son parecidos. Obama y Romney hicieron un gran alboroto sobre el hecho de que están persiguiendo a los electores hispanos. Y sin embargo, dados sus horribles historiales sobre el tema de la inmigración, ¿a quién creen que están engañando?
Todo lo que traen son promesas vacías, inconsistencia, medias-verdades y juegos de prestidigitación.
En lo que atañe a Obama, su última oferta fue mezquina y olió a sobras. En una entrevista con Univisión, el presidente prometió que perseguirá la reforma migratoria una vez reelecto. Pero Obama no se jugó del todo. “Puedo prometer que intentaré llevarla a cabo en el primer año de mi segundo periodo”, expresó.
Recordemos que en el 2008, Obama prometió convertir la reforma migratoria en prioridad durante su primer periodo.
Ya sea si lo logra o no, Obama quiere que los hispanos le reconozcan el mérito de intentar.
Obama siempre trata a los hispanos como si nos estuviera haciendo un favor. ¿A qué otro bloque de electores les habla de esa manera? En la política, lo que importa son los resultados; no las buenas intenciones. Además, puesto que ha deportado a más de 1.2 millones de indocumentados, aún no sabemos con certeza cuáles son las verdaderas intenciones de Obama.
Observen lo que el presidente dijo después: “El reto que tenemos en la reforma migratoria es muy simple. Tengo una mayoría de demócratas lista para votar a favor, y no tengo ni un republicano que esté listo votar a favor”.
¿En serio? La última vez que el Congreso debatió leyes sobre la reforma migratoria, en el 2006 y el 2007, hubo casi dos docenas de senadores republicanos que votaron a favor de la reforma. No fue porque adoraran a los inmigrantes. Fue porque el Partido Republicano adora las empresas y las empresas adoran a los inmigrantes y su ética laboral.
Mientras tanto, Romney es igualmente insatisfactorio. En cuanto el ex gobernador de Massachusetts tomó la delantera, con la retirada de Rick Santorum de la contienda primaria, comenzó a tratar de hacer las paces con los hispanos.
¿Pero quién creen que había quebrado esa paz antes? El mismo Romney. Durante la campaña de las primarias, Romney continuamente suscitó el antagonismo de los hispanos. Prometió vetar el Dream Act, que legalizaría a los indocumentados que asistieran a la universidad o se incorporaran a las fuerzas armadas, y elogió la ley migratoria de Arizona como un modelo para la nación. También buscó el apoyo del secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, quien redactó leyes como la de Arizona.











