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ROSALINDA WEISZ: No todos somos iguales

ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 4/20/2012, 1:57 p.m.

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Rosalinda Weisz

En una sociedad como la nuestra, que estimula, privilegia y aplaude las conductas de extroversión, pareciera no haber cabida para los que tienden a priorizar y a desarrollarse más cómodamente en un contexto de quietud y soledad.

Pero la introversión constituye un estilo de personalidad que debe ser valorada y aceptada. Avalada esta afirmación por recientes investigaciones, aporta un espacio de alivio a los que se identifican con tal perfil. ¿Cómo definir a una persona introvertida? Es aquel que prefiere trabajar solo y no en grupo, es la persona que prefiere quedarse en su casa en vez de ir al bar con sus amigos, es el que medita antes de expresar sus reflexiones, el que elige escuchar antes que hacer uso de la palabra.

Casi 40% de la población puede incluirse en esta categoría, dato a tener en cuenta, ya que la subsistencia de ciertas conductas no es sostenida por la biología o la naturaleza a menos que tenga un significado de protección de la especie. Sin embargo, pareciera que es la personalidad del extrovertido es la más solicitada en la vida profesional y empresaria. Es la persona carismática y atractiva, de comunicación fácil y modalidades seductoras, la que cautiva multitudes y capta la atención del entrevistador.

Hasta no hace mucho, se creía que los que se comunican verbalmente con facilidad, los que son sociables y trabajan bien en grupo, son los que producen ideas nuevas y pensamientos originales. Pero investigaciones revelan que los aportes más creativos y revolucionarios en la ciencia y la tecnología surgen de la tranquila y solitaria reflexión del introvertido.

Esto no quiere decir que los descubrimientos y la creatividad pertenezcan sólo a este grupo de bajo perfil. Es necesario el balance proporcionado por personalidades diferentes. Pero lo que sí es importante destacar es que la introversión no es una falla, no es algo que deba modificarse para adaptarlo a la tendencia del momento, por el contrario, debemos respetar a aquellos que prefieren la quietud al bullicio, y priorizan el pensamiento sobre la acción.

Es interesante observar que el contrapunto entre la necesidad del extrovertido de energizarse a través del contacto con los demás y la actitud de replegarse del introvertido como una manera de evitar el estrés que le provocaría el estimulo externo, tiene su correlato en el funcionamiento cerebral.

En la eterna cuestión acerca de herencia versus experiencia, pareciera que venimos al mundo marcados por maneras características de reacción ante los estímulos del ambiente. Algunos niños, desde los primeros meses de vida, muestran una gran excitabilidad y todo les impacta intensamente mientras otros mantienen una atención calma y serena. Un alto porcentaje de introvertidos pertenecen al primer grupo, puesto que el hecho de ser más sensibles los lleva a evitar toda estimulación que resulte excesiva. Desde este punto de vista, la modulación de la interacción social es una respuesta natural ante el desafío que surge del mundo externo.

Esta perspectiva nos invita a reformular valoraciones y apreciar las diferencias individuales, en consonancia con el sentido profundo del equilibrio que rige en la naturaleza. Sin embargo es importante reconocer cuándo lo que parece introversión es timidez o ansiedad social.

En términos generales se podría decir que la persona introvertida no siente malestar por serlo y cuando pone límites a su contacto con otros, lo hace con convicción y serenidad. En cambio la persona tímida evita situaciones de interacción social porque le producen gran sufrimiento. En estos casos los tratamientos de psicoterapia son sumamente beneficiosos.

Weisz es psicoterapeuta en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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