Brasil intentará remontar historia reciente ante Tri
VICENTE L. PANETTA/AP | 8/10/2012, 8:51 p.m.
Londres— Para Brasil sería una catástrofe sin remedio si no gana su ansiado oro olímpico. México, en cambio, no tiene nada que perder.
Brasil y México chocarán el sábado en Wembley y el ganador emergerá como un campeón inédito en el futbol de los Juegos Olímpicos, ya que ninguno de los dos jamás ganó la medalla de oro.
Será la sexta final en diversos campeonatos a nivel de selecciones y Brasil jamás le ha podido ganar a México.
Ahora, con un equipo plagado de estrellas donde sobresalen Neymar, Oscar, Leandro Damiao y compañía, Brasil tratará de ponerle punto final a la histórica frustración de no haber ganado el título olímpico, el único de fuste que le falta a sus lujosas vitrinas donde relucen, entre otras, cinco Copas del Mundo y ocho de América.
Una medalla de plata sería considerada un fracaso para Brasil, que con un triunfo 3-0 sobre Corea del Sur avanzó a su primera final olímpica en 24 años (Seúl 1988), además de haber estado en la de Los Ángeles 1984.
México, en cambio, luciría la plateada con orgullo, ya que es la primera vez que disputa una final, a la que arribó tras eliminar 3-1 a Japón.
Brasil carga sobre sus espaldas con la presión de acabar con una sequía histórica sin el oro.
El técnico de Brasil, Mano Menezes, aseguró que sus jugadores no están contaminados por esos factores.
“No creo que los jugadores sientan un peso porque no hemos ganado esta medalla”, dijo Menezes.
Neymar, talentoso atacante del Santos, también considera que para Brasil será un partido más.
“Es una final como cualquier otra”, dijo Neymar, campeón del Sudamericano Sub20 el año pasado e integrante del verdeamarela que fue eliminada en cuartos de final en la última Copa América en Argentina. “Hay un título en juego y hay que encararla bien concentrado desde el comienzo para salir victorioso”.
“No hay misterio. Tenemos que seguir con el juego que nos ha permitido estar en la final”, dijo Neymar, quien marcó tres de los 15 goles que tiene el equipo. Leandro Damiao, del Internacional de Porto Alegre, es el máximo artillero del torneo con seis dianas.
Mientras la base del equipo de Brasil es relativamente nueva, México cuenta con la ventaja de que buena parte de sus jugadores se conocen de la Copa América y de los Panamericanos de Guadalajara.
Además, México se ha convertido en ingrato recuerdo para Brasil, ya que no perdió en los cinco choques decisivos en que se han encontrado, entre ellos cuando le ganó 4-3 en la en la final de la Copa Confederaciones de 1999, jugada en el estadio Azteca, y cuando lo goleó 3-0 en la final del mundial sub17 del 2005, que le dio a México su primer título mundial en cualquier categoría.
¿La sexta final será la vencida para Brasil?
Si eso ocurre, es porque le habrá encontrado la vuelta a un México que dio sobradas muestras de ser un equipo aguerrido.
México mantuvo la sangre fría en este torneo, como ocurrió en cuartos de final cuando Senegal lo puso contra las cuerdas. Pero el Tri superó ese momento de flaqueza y terminó ganando 4-2 en el alargue.
En semifinales, México volvió a convertir la impotencia en motivación: Japón le metió un gol de entrada, el Tri conservó la calma y acudió al auxilio colectivo para dar vuelta el resultado y avanzar con un 3-1. Hasta entonces, los japoneses mantenían el arco invicto.
Mientras Brasil depende mucho de la inspiración individual —con toques, desbordes y gambetas—, México marca en bloque y sus jugadores no dan por perdida una sola pelota, como ocurrió ante Japón cuando un defensor la tenía, Oribe Peralta se la robó y convirtió el segundo gol.
“A diferencia de Brasil, manejamos el juego de conjunto, debemos estar bien acoplados, no dejar espacios”, dijo Carlos Salcido. “Brasil individualmente te puede cambiar un partido. México no tiene ese tipo de jugadores y por eso tenemos que jugar en bloque”.
México sufrirá la baja de su figura Giovani Dos Santos por una rotura fibrilar en la corva derecha sufrida ante Japón.
El reemplazante del delantero sería Marco Fabián, quien subiría unos metros para acompañar a Peralta. Y el hueco que dejaría Fabián sería ocupado por Miguel Ponce.















