Narcos optan por apodos lúgubres
MARK STEVENSON/AP | 8/10/2012, 5:24 p.m.
Ciudad de México — Cuando fueron capturados “El Comegusanos” y “La Rata”, llevaban cinco granadas y casi un millón de dólares en efectivo. A “Basura” lo agarraron tratando de extorsionar a conductores de autobús, según la policía, y “La Puerca” era notorio por la manera como mataba a sus enemigos. Se dice que “El Vago” calcinaba a sus víctimas y las enterraba en fosas clandestinas.
A medida que la violencia empeora en la guerra por las drogas en México, los apodos de los capos mafiosos se han vuelto más sombríos, reflejo de su actitud impersonal y casi industrial hacia la violencia.
Ya no hay apodos como “El Rey” (Jesús Zambada García), “El Señor de los Cielos” (Amado Carrillo Fuentes) o “El Jefe de Jefes” (Arturo Beltrán Leyva), quienes están muertos o presos. Los capos de rango mediano llevan ahora nombres como “El Mataperros”. Ese era el de Baltazar Saucedo Estrada, presunto líder de los Zetas.
Según expertos, la muerte o captura de los capos ha dejado a matones de menor rango a cargo del negocio criminal, inclinados hacia actos más brutales como matanzas y desmembramientos. En vez de matar a los enemigos por dinero o territorio, muchos de los narcotraficantes de hoy, especialmente Los Zetas, consideran que matar gente es parte de la empresa, algo necesario para imponer su voluntad sobre la población.
“Lo que estamos viendo es un apodo distinto que refleja una manera distinta en la que los criminales se identifican y a las nuevas formas de violencia”, comentó Martín Barrón, experto en criminología del Instituto Nacional de Ciencias Penales de México.
Reflejan brutalidad
México ha sufrido bastante la narcoviolencia a partir de la ofensiva del gobierno contra el crimen organizado en el 2006. El baño de sangre se ha intensificado y se ha vuelto parte de la vida diaria, especialmente con crímenes que enfatizan la cantidad de muertos. La atrocidad más reciente ocurrió en mayo, cuando 49 cadáveres fueron arrojados al lado de un camino en el norte de México sin cabezas, brazos ni piernas.
“Estamos viendo una violencia cada vez más bestial… en que la otra persona es deshumanizada”, comentó Barrón. “Ya no importa qué le haces o no haces a otra persona”.
Saucedo Estrada (“El Mateperros”) supuestamente ordenó a sus secuaces prenderle fuego a un casino en Monterrey el año pasado como castigo a los propietarios por negarse a pagar extorsión. Murieron 53 personas, y Saucedo Estrada fue arrestado en enero. No se sabe por qué se llama así: los narcotraficantes suelen tildar de “perros” a los enemigos o a la policía, y se dice que a los jóvenes reclutas se les obliga a desmembrar perros como práctica para luego hacerlo con seres humanos.
Otro capo de rango medio de Los Zetas, William de Jesús Torres Solórzano, alias “El Comegusanos”, era supuestamente el encargado de finanzas del cartel. Es posible que su apodo vino del entrenamiento extremo a que los criminales son sometidos, parecido al de los comandos guatemaltecos Kaibil, en que los reclutas tienen que comer insectos a fin de sobrevivir en la jungla.

















