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Proliferan casinos ilegales en Puerto Rico

Clientes utilizan una máquina de apuestas en un cuarto detrás de un bar en San Juan, donde un creciente número de gente prefiere gastar su dinero en los casinos ilegales. | ASSOCIATED PRESS

DANICA COTO/AP | 8/14/2012, 5:40 p.m.

San Juan — Es un hombre solitario, jugando a la máquina de azar en un bar desconocido, su rostro iluminado por la tenue pantalla electrónica, pero Pedro Rodríguez es una amenaza para una de las industrias más lucrativas de Puerto Rico: la de los juegos de azar.

Rodríguez, de 69 años, oprime los botones mecánicamente, apenas consciente de la cerveza caliente en su mano izquierda. Explica que prefiere meter su dinero en este bar en esta dilapidada zona de la capital, en vez de uno de los lujosos casinos dentro de los hoteles que pueblan la costa.

“Las probabilidades siempre están a favor de la casa,” expresó, “no les gusta pagar”.

Cada vez más la gente prefiere jugar a las máquinas ilegales en lugares tan dispares como bares y panaderías.

Eso es un problema no sólo para los hoteles que administran los casinos legales sino también para el gobierno, que está lidiando con enormes huecos presupuestarios. Por ahora, dos casinos cerrarán en Puerto Rico este año, y hay otros cinco que están en riesgo.

Golpe a finanzas públicas

Una de las principales afectadas ha sido la agencia gubernamental a cargo del turismo, que recibió $61 millones en ingresos fiscales gracias al sector del juego el año fiscal pasado, un 72% de los ingresos de la corporación. Otros $71 millones de los $156 millones en ingresos anuales fiscales por juegos de azar fueron a la Universidad de Puerto Rico, la universidad pública más grande de la isla.

La Compañía de Turismo de Puerto Rico, cuya responsabilidad es promover a la isla, ha cobrado mayor relieve a medida que el sector manufacturero local ha declinado. Aunque el turismo comprende apenas 6% del producto nacional bruto, el gobierno está recurriendo a los resorts y a otros proyectos de alto perfil para generar más ingresos.

En total, el gobierno calcula que está perdiendo unos $200 millones al año debido a los salones ilegales, pero ha hecho muy poco para contrarrestar el problema, sostiene Ismael Vega, presidente de la Asociación de Turismo y Hotelería de Puerto Rico.

“Proteger los casinos es proteger a la industria turística entera de Puerto Rico”, dijo Vega, expresando frustración por la falta de acción para enfrentar el problema. “Es lo que no acaban de entender”.

La caída de recursos no podría llegar en un peor momento para Puerto Rico, cuyo déficit presupuestario recientemente alcanzó más del 10% de su presupuesto anual. La escasez de fondos ha afectado particularmente a las fuerzas de seguridad que deben enfrentarse a una reciente ola delictiva.

Recuperar esos fondos ayudaría mucho a resolver esos problemas. Los 21 casinos hoteleros contienen unas 7,000 máquinas tragamonedas, pero Vega sostiene que no pueden competir con las aproximadamente 25,000 que proliferan por la isla.

No se esconden

Algunos establecimientos promueven abiertamente la existencia de las máquinas en su interior, mientras otros lo hacen a escondidas o sólo le permiten la entrada a los clientes que tocan un timbre.

La tendencia más reciente son salones de juegos ilegales dedicados exclusivamente a máquinas de monedas, ubicados en espacios comerciales en zonas urbanas donde tienen decenas de máquinas y venden comida y bebida como cualquier casino, dijo el secretario de Turismo Luis Rivera Marín.

La agencia de turismo firmó un acuerdo en mayo con otras agencias locales para combatir a las máquinas ilegales, pero que implementar el plan ha sido difícil. Marín dijo que las autoridades de la isla están conscientes de la gravedad del asunto, pero reconoció que por el momento la prioridad es resolver los casos criminales ante un número récord de homicidios.

En Puerto Rico, el 90% de los asiduos a los casinos son residentes y no turistas, según Vega y Rodríguez.

Muchos jugadores prefieren las máquinas ilegales porque están ubicadas en lugares más convenientes, como en el bar local. Además, los casinos legales han estado emitiendo premios más pequeños a fin de aumentar sus ganancias, según un estudio del gobierno.

Esa es una de las razones por las que Pedro Rodríguez dice preferir a su bar sin nombre, donde ha ganado $2,000 dólares, el máximo posible, un par de veces en años recientes.

“Mientras ellos me dan premios, estoy bien”, expresó.

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