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Cambio entre Red Sox y Dodgers sugiere estrategias agresivas

Adrián González ya empezó a jugar con su nuevo equipo, los Dodgers de Los Ángeles. | ASSOCIATED PRESS

ERIC NÚÑEZ/AP | 8/28/2012, 5:39 p.m.

Nueva York — Asombroso por su magnitud y audacia, el canje que los Dodgers de Los Ángeles y los Red Sox de Boston concretaron el fin de semana viola una serie de máximas muy arraigadas sobre el manejo de los equipos de Grandes Ligas.

Los Dodgers estaban tan desesperados por adquirir al primera base Adrián González y deshacerse de James Loney que no tuvieron reparos en hacerle un favor a Boston al llevarse a Josh Beckett, un pícher con una recta cuya velocidad ha mermado progresivamente, y Carl Crawford, un jardinero que acaba de operarse el codo izquierdo y podría estar fuera hasta nueve meses.

Boston también cedió al infielder Nick Punto y $11 millones por Loney y los prospectos Rubby de la Rosa, Allen Webster, Jerry Sands e Iván de Jesús, hijo.

Con nuevos dueños, la franquicia de Los Ángeles quiere asegurar un boleto en la postemporada como sea. Les importa un bledo el precio, mucho menos que se les recrimine que ignoren los conceptos de gastar con inteligencia.

Los Red Sox, en tanto, simplemente quisieron sacarse de encima a un grupo de jugadores caros que estaban rindiendo por debajo de las expectativas y que para colmo se habían convertido en problemáticos dentro de un vestuario en el que las polémicas eran cotidianas.

De un plumazo, Boston borró de su nómina compromisos salariales que rebasan los $250 millones.

En un sentido histórico, esta es la transacción más impactante. El antecedente que más se acerca fue el canje de 1998 que involucró a Mike Piazza, primero de los Dodgers a los Marlins y finalmente a los Mets, con las adiciones de Gary Sheffield y Bobby Bonilla, entre otros.

Por la jerarquía de los nombres y la monumental cifra de dinero, el cambio entre Boston y Los Angeles no tiene comparación.

Hasta ahora, la transferencia de Alex Rodríguez de los Rangers a los Yankees de Nueva York en el 2004 había sido la única en la que se traspasó a un pelotero con un contrato sobre los 100 millones.

El sábado, los Dodgers ficharon a dos: González y Crawford.

Para entender el cambio, se puede analizarlo desde tres premisas:

1. ¿PORQUE SE PRODUJO?

A fines de agosto, cumplido el plazo para efectuar cambios sin obstáculos, no es fácil que se produzcan operaciones de gran efecto. Los equipos están sometidos al requisito de los ‘waivers’ o jugadores transferibles. Cualquier rival con un récord peor a los Dodgers pudo haber pedido a González, Beckett y Crawford antes que Los Ángeles, pero hubiesen quedado obligados a asumir sus contratos.

La semana previa permitió que todo se prestara para que los Dodgers y Red Sox se pusieran a negociar.

Ambos sufrieron barridas. La de Boston ante los Angels sepultó sus últimas ilusiones de pelear por el wild card. Los Dodgers perdieron terreno en la lucha por el título de la División Oeste de la Liga Nacional al encajar su primera barrida en cinco años como locales ante los Giants de San Francisco.

La apatía se había apoderado en Boston, donde los aficionados se iban temprano del Fenway. Sólo se hablaba de lesionados y de la revuelta de jugadores contra el manager Bobby Valentine. ¿Quiénes le habían planteado a la directiva que Valentine tenía que ser echado? El mexicano González presuntamente estaba de por medio, al divulgarse versiones de que que un mensaje de texto sobre el malestar de los jugadores —enviado a los patrones— había salido de su teléfono.

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