Ayuda fluye del Norte de Texas a Guatemala
SILVANA PAGLIUCA/AL DÍA | 12/4/2012, 3:07 p.m.
Hace 50 años Ron Wilhelm llevó ayuda a Guatemala por primera vez y desde entonces no ha parado.
Wilhem se compró una casa cerca de San Pedro La Laguna, donde hospeda a los doctores, dentistas y voluntarios que viajan con ayuda humanitaria todos los años.
Para recaudar fondos, Wilhelm compra las artesanías de los locales y las revende en ferias, exposiciones y en cualquier lugar donde consiga compradores en el Norte de Texas.
"La próxima semana voy con la mercancía a la universidad a ver si mis colegas quieren comprar", dijo. Wilhelm es profesor de pedagogía en la Universidad del Norte de Texas.
Este sábado expuso algunas de las obras de los artesanos centroamericanos en la Iglesia Metodista Norhaven de North Dallas, donde es miembro.
Con precios desde $3 hasta $30, ofreció manteles bordados a mano, bolsos, vestidos y gorros de lana, y hasta joyería hecha de bolsas de aluminio de frituras.
"Ellos recogen estas bolsitas de chips de las calles como una forma de reciclar. Las limpian, las procesan y fabrican estos aretes", explicó Wilhelm sobre el trabajo que hacen los jóvenes miembros de la Asociación de Productores y Recicladores de San Pablo, Guatemala.
"Cada niño va cortando y envolviendo el papel hasta hacer el arete de origami", relató. Los miembros de la organización tienen entre 7 y 17 años. "Con la ganancia de los aretes pueden cumplir los gastos de sus uniformes y útiles escolares por todo un año."
Wilhelm espera recaudar $5,000 para ayudar a los 75 beneficiarios que ayuda la iglesia en cada viaje a Centroamérica.
"Me parece genial que la comunidad estadounidense de la iglesia pueda conocer, entender y ver lo que nosotros los latinos tenemos para ofrecer", dijo Jennifer Ingrey, argentina, sobre la exposición de artesanías centroamericana en la iglesia.
Wilhelm también ha promovido el padrinazgo de niños de escasos recursos, como otra forma de mejorar el nivel de vida de los centroamericanos.
"Tengo una niñita de 10 años que he ayudado, le sigo enviando regalos, ella me escribe y quiero ir a conocerla", dijo Adriana Cobo, chilena, quien envía dinero a su ahijada en cada viaje de Wilhelm.
Los misioneros de la iglesia crearon un fondo de desarrollo humano en el Caserío Huisisilapa, en El Salvador, donde ayudan a los mayas de la zona con la reventa de sus tejidos.
"Vamos cada dos años a El Salvador donde tenemos una relación hermana con la parroquia Santa María Madre de los Pobres, que está en una zona muy marginada de San Salvador", contó Wilhelm.
"Es importante que puedan abrir los oídos, los brazos y los bolsillos para ayudarlos porque la pobreza en Centroamérica es terrible", sostuvo Cobo.
Wilhelm irá en enero a Guatemala a llevar las ganancias de la reventa de las artesanías. Si usted quiere comunicarse con él, escríbale a ron.wilhelm@unt.edu.














