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'The Hobbit', trama estirada y diluída

Martin Freeman en el papel de Bilbo Baggins, en "The Hobbit: An Unexpected Journey". | WARNER BROS./MCT

DAVID GERMAIN/AP | 12/7/2012, 2:07 p.m.

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Martin Freeman en el papel de Bilbo Baggins, en "The Hobbit: An Unexpected Journey".

Juzgar la primera parte de The Hobbit, el preludio de The Lord of the Rings, de Peter Jackson, es como reseñar un film después de haber visto sólo el primer acto.

Y sin embargo, aquí va: The Hobbit: An Unexpected Journey rebosa de lo más reciente en tecnología en Hollywood: 3D, proyección de alta velocidad y sistema de sonido ambiental Atmos de Dolby.

El producto es una maravilla visual que deslumbra y distrae, por lo menos a su velocidad de prueba de 48 cuadros por segundo, el doble del promedio de proyección que se ha utilizado desde los días del cine mudo.

También está de más rellena: prólogos, trasfondos inconexos, largas y aburridas asambleas de elfos, duendes y magos; una somera reyerta familiar a partir de bosquejos marginales para El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien, a fin de que hubiera un malo en la película.

Bastas con recordar los interminables falsos finales de The Return of the King, la entrega final de Lord of the Rings.

An Unexpected Journey está más o menos así de inflada a lo largo de sus casi tres horas de duración, en que la briosa narrativa de Tolkien sobre el intrépido hobbit Bilbo Baggins es estirada y diluída por fragmentos prescindibles más propios para extras de DVD.

Ya vienen otras dos partes, así que no sabremos de qué se trata la trama completa hasta que salga la final en el verano de 2014.

An Unexpected Journey parece más bien el inicio de una trilogía innecesaria que se podría contar mejor en un solo film.

Dividido en tres libros, El Señor de los Anillos parecía que estaba hecho para una trilogía cinematográfica, con sus casi medio millón de palabras, cinco veces más largo que El Hobbit.

Jackson y su esposa, Fran Walsh, junto con sus socios guionistas Philippa Boyens y Guillermo del Toro --que llegó a estar apuntado para dirigir The Hobbit, donde Jackson sería productor-- , espulgaron meticulosamente las referencias de Tolkien a hechos que nunca ocurrieron en ninguno de sus libros (material que los cineastas llaman "fragmentos intercalados").

Con ese material agregado están armando una épica mucho más grande que el libro de Tolkien, la inesperada aventura del hogareño Bilbo (Martin Freeman; Ian Holm retoma su papel de Bilbo viejo de Lord of the Rings).

Bilbo no tiene nada de ganas de salir cuando el mago Gandalf (Ian McKellen, que retoma con gallardía su propio papel de Lord of the Rings) y una comitiva de enanos se presentan para reclutarlo en una campaña para recuperar un reino de enanos diezmado por un dragón.

Pero ahí va, saliendo al encuentro de gnomos, duendes, salvajes orcs y un espeluznante individuo llamado Gollum (Andy Serkis, que recrea un personaje que introdujo la captura de movimiento en The Lord of the Rings).

Perfeccionado por una década de avances en efectos visuales, Gollum afianza su fama como una de las criaturas más feas del cine.

Y tratándose de grandes escenas en prólogos fílmicos, la adquisición por Bilbo del valioso anillo de poder de Gollum sería segunda sólo a la respiración silbante de Darth Vader al final de las precuelas de Star Wars.

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