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JORGE RAMOS: A romper con Felipe Calderón

JORGE RAMOS/OPINIÓN | 1/27/2012, 4:53 p.m.

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Jorge Ramos

Imagínate que el próximo presidente de México, tras las elecciones, en su discurso de triunfo el domingo primero de julio en la noche, dijera lo siguiente: “Yo les aseguro que en los próximos seis años tendremos al menos 50,000 muertos más y la narcoviolencia seguirá fuera de control. Gracias por su voto.”

¿Absurdo? Sin duda. Ningún candidato quiere repetir lo peor que deja el presidente que se va. Lo primero que tiene que hacer el próximo presidente mexicano es, precisamente, no ser otro Felipe Calderón.

Claro que no propongo negociar con los narcos. Tampoco cuestiono la valentía o la moral de Calderón al enfrentar a los cárteles. Calderón acuerta al luchar contra el narco y la violencia. Pero sus resultados son espantosos. La ejecución de esa política es terrible. Está reprobado.

Urge que el próximo presidente sea mucho más inteligente y efectivo al aplicar políticas contra la violencia y el narco. Inteligencia mata terquedad. Las buenas intenciones no bastan.

Las cifras lo dicen casi todo. El gobierno de Calderón admite que 47,515 vidas se han perdido desde que lanzó su ofensiva dirigida por los militares en el 2006 (incluyendo la cifra impresionante de 12,903 muertos en los primeros nueve meses del 2011). Pero, según The New York Times, esos números quizá sean inexactos. La agencia mexicana del censo reportó 67,500 homicidios entre el 2007 y el 2010, aunque es muy difícil determinar cuántos están relacionados con el narco, según el Times. Cualquiera que vea estas cifras debe llegar a la conclusión de que la ofensiva ha sido un fracaso total.

El gobierno de Calderón insiste en que la mayoría de los muertos son criminales. Pero no tiene nada con que apoyar su argumento y sus informes no son confiables. Las docenas de muertos en un casino de Monterrey en agosto, donde sicarios irrumpieron en el lugar y lo incendiaron, no eran criminales. Las personas inocentes asesinadas en Acapulco, Guadalajara, Veracruz y la Ciudad de México — ciudades que, hasta hace poco, eran relativamente pacíficas — no eran criminales.

El problema es que la ejecución de las estrategias y políticas de Calderón ha sido desastrosa. El próximo presidente debe reconocer que las ideas de Calderón, por nobles que sean, no ayudaron a relajar el dominio de la violencia que ahoga a México.

La principal debilidad de los tres candidatos panistas Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel y Ernesto Cordero — es su incapacidad de romper con Calderón. No se atreven. Le tienen miedo al enojo presidencial y a las represalias de su partido. Pero si no lo hacen, uno ganará la candidatura del Partido Acción Nacional y perderá la elección presidencial. Los mexicanos no quieren a otro Calderón.

También me sorprende que los candidatos opositores —Enrique Peña Nieto del Partido Revolucionario Institucional y Andrés Manuel López Obrador del Partido de la Revolución Democrática— han suavizado sus críticas a las fallidas políticas contra el narco de Calderón y no han propuesto nada diametralmente opuesto.

Esto es desafortunado. Los datos muestran que la violencia va en aumento y que los cárteles controlan cada vez más territorio. Cada vez que agarran a un narco importante aparecen dos o tres más. ¿Por qué? Porque Estados Unidos, el mayor mercado para los cárteles, continúa comprando y consumiendo sus productos, y nada indica que esto vaya a cambiar.

Calderón no fue claro y directo sobre sus planes al llegar a la presidencia. “Yo voy a ser el presidente del empleo”, dijo como candidato en mayo del 2006. Bueno, no fue el presidente del empleo y, en cambio, se convirtió en el presidente de los muertos. Como candidato prometió ser “un presidente con una mano firme”, salvo que nunca explicó qué quería decir con “una mano firme.” Nunca dijo que sacaría al ejército a la calle ni que lucharía contra los narcos con una policía corrupta e inepta.

Por eso, no debemos cometer el mismo error dos veces. Como periodistas y como votantes debemos exigir a los candidatos que expliquen, claramente, cuál será su plan de gobierno. Y eso implica que digan, desde ahora, que van a romper con Calderón.

No podemos darnos el lujo de otro presidente de 50,000 o 60,000 muertos. Lo peor que le puede pasar a México es que los próximos seis años sean más de lo mismo.

Ramos es director de noticias de Univision. Su columna es distribuida por The NewYork Times.

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