¿Qué hacer en caso de tener piojos?
DAPHNE HOWLAND/ESPECIAL PARA EL DMN | 7/13/2012, 1:06 p.m.
Para ser insectos pequeñitos que no pican, los piojos abarcan mucho, lo suficiente para invadir nuestro vocabulario. Aún las personas que nunca los han tenido saben lo que significa “pasarle un peine fino”.
Los padres que han tenido que lidiar con los piojos saben por qué esa frase es una metáfora de una tediosa y desagradable labor: estos insectos son muy pequeños, sus huevos son aún más diminutos, y son pegajosos, tenaces y muy difíciles de erradicar.
“Es algo feo, una peste, pero no mata, y los piojos no transmiten enfermedades”, dice Darren Serhal, de Licehelp.com, quien formuló un producto no tóxico contra los piojos después de que su hija padeció varias infestaciones a pesar de haberle aplicado tratamientos tradicionales.
A juzgar por lo que comentan las madres en los blogs y se platica en los espacios de recreo, hay una percepción entre quienes tienen hijos en edad escolar de que el problema está empeorando; pero no hay estadísticas que lo reflejen.
Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades estiman que en Estados Unidos cada año ocurren entre 6 millones y 12 millones de infestaciones de piojos en niños de entre 3 y 11 años.
Es un margen muy amplio y tal vez refleje la renuencia de muchos padres a admitir que sus hijos tienen piojos.
Muy extendido
Con frecuencia las enfermeras de las escuelas son las primeras en descubrir los piojos, y las escuelas texanas varían en su forma de abordar el problema. La mayoría ha evitado la política de prohibir la entrada a niños que sólo tengan liendres en el cabello, en base a una consideración de la Academia Americana de Pediatría de que impedir a los niños sanos asistir a la escuela perjudica demasiado su instrucción.
“La pediculosis es muy común y se transmite mucho en las escuelas y guarderías”, dice Kathy Powell, enfermera registrada y presidenta de la Organización Texana de Enfermeras Escolares. “Es muy común entre los niños de 5 a 12 años, y en estos tiempos, es improbable que uno se salve de ese problema”.
Entonces, ¿qué hacer si su hijo vuelve a casa con la cabeza llena de piojos?
Lo primero, dice Penny Warner, enfermera registrada y directora de Texas Lice Squad, una compañía de Houston especializada en tratamiento contra la pediculosis y con oficinas en Dallas, es entender el fenómeno.
Los piojos se pasan de una cabeza a otra; no saltan ni vuelan. Se alimentan de la sangre humana, y sus huevos hallan calor en el cuero cabelludo. La mascota de la casa no tiene nada que ver.
Fuera de la cabeza humana, sólo sobreviven más o menos un día. Por eso, aunque aspirar el sofá o relavar la ropa de cama de su niño puede ser prudente el día del descubrimiento, la cabeza del niño es donde está la clave.
“Su casa no es la que tiene piojos; la escuela no tiene piojos”, dice Warner. “El niño es el que tiene piojos”.
Las liendres toman alrededor de una semana para incubarse y convertirse en ninfas, las cuales se vuelven adultos capaces de reproducirse en unos 16 días. Para romper el ciclo, toda liendre, ninfa o piojo debe desaparecer de la cabeza.











