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Rondalla Thriving Minds lleva música a Oak Cliff

Marcos Rivera, de 15 años, aprende a tocar la guitarra en el programa Rondalla de Thriving Minds en el Centro Cultural de Oak Cliff. El programa es gratuito, pero hay una lista de espera para inscribirse. | BEN TORRES/ESPECIAL PARA AL DÍA

ANA E. AZPURUA/AL DÍA | 7/14/2012, 6:37 a.m.

“Me gusta mucho. Me inspira”, dijo Vargas, de 13 años, con una sonrisa tímida.

Para participar en el programa los chicos deben comprometerse a asistir a todas las clases y practicar, además de mantener un buen récord académico.

“Lo principal son sus estudios”, señaló González.

No todos han cumplido con esos requisitos. De los 12 alum-nos iniciales no queda ninguno, pero otros que se sumaron en el camino ya llevan más de un año en el programa, dijo.

El músico relató que recientemente recompensaron a los 15 estudiantes más dedicados con un viaje educativo a Washington D.C., en el que acudieron a un festival de jazz, museos y conocieron la capital.

González, quien fue instructor de mariachi en el distrito escolar de Dallas, señaló que han ido aprendiendo ellos también a mantener a los estudiantes interesados, porque si bien la música es un lenguaje universal, no todas las generaciones hablan el mismo género. Hace poco, por ejemplo, incorporaron a un instructor de heavy metal y hubo un grupo que les pidió aprender canciones de reggaetón.

“La música metal va mucho con la música clásica así es que están aprendiendo al mismo tiempo”, acotó.

La demanda ha crecido tan-to que hay cerca de 30 estudiantes en lista de espera. Para el próximo año escolar tienen planeado abrir dos horarios de clases, de 4:30 p.m. a 5:30 p.m. y de 5:30 a 6:30 p.m., para ampliar el número de alumnos.

El objetivo es expandir el programa, que por semestre cuesta unos $200 por alumno y funciona con apoyo de la ciudad, el distrito escolar y donaciones privadas. Big Thought, organización fundada en Dallas hace 25 años, realiza una campaña de recolección de instrumentos en ese sentido, señaló Reese. Además de guitarra, también ofrecen clases de bajo y de percusión como parte de Rondalla.

Pero, acotó, es prioritario mantener la excelencia con profesores de calidad. Uno de los instructores es Kenny Withrow, guitarrista de los New Bohemians.

“Hemos aceptado cada vez más estudiantes principiantes, pero tenemos que ser cuidadosos porque queremos darles una experiencia a profundidad”, señaló. “Si crecemos demasiado, demasiado rápido, podría disminuir el impacto del programa”.

Un lenguaje universal

Durante una clase reciente, el grupo de 16 estudiantes avanzados e intermedios tocaron “Guadalajara” y “Summertime”. Portaban las camisas moradas que usan para los conciertos. Algunos escondían la mirada en la guitarra, concentrados. Cuando era el momento de escuchar a sus compañeros tocar, colocaban el instrumento al la-do derecho de la silla, con el mango viendo hacia delante, en sincronía.

“Nos enfocamos en la música con los jóvenes porque además de aprender a expresarse musicalmente, aprenden a trabajar en equipo. Aprenden a hacer parte de un conjunto, a escuchara un instructor o director, cómo responder, cómo expresarse individualmente, pero más importante aún, aprenden a expresarse como parte de un grupo”, explicó Reese.

Además de ayudarlos a socializar con otros, también puede reforzar la relación con su familia, a quien a veces intentan enseñar lo que han aprendido.

José Castillo esperaba a Tony luego del ensayo junto con Johanna, su hija de 11 años.

“Ha tenido mucho éxito”, dijo respecto al progreso de Tony.

La niña también empezó a tomar clases de guitarra hace unos meses, pues se motivó cuando su hermano les enseñaba las canciones.

“Cuando no está en ballet, está en guitarra”, dijo el orgulloso padre sobre su hija.

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