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VIDA SANA: Higiene en el agua

ARACELI VÁZQUEZ/VIDA SANA | 7/21/2012, 8:47 a.m.

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Araceli Vázquez

¿Con este calor a quién se le antoja nadar? ¡A todos! Las albercas públicas están llenas, las clases de aeróbicos en el agua, y los lagos también. Es refrescante, divertido y saludable.

Pero la última vez que fui a la alberca del gimnasio donde hago ejercicio, me dio una infección en el oído (otitis externa). Fue muy doloroso y no se lo deseo a nadie.

También más de dos personas que conozco han contraído otras infecciones después de nadar en los lagos de esta área, principalmente infecciones estomacales. Quizá fue debido a que los alimentos no se cocinaron o mantuvieron a las temperaturas apropiadas, o porque tomaron agua del lago, así que me di a la tarea de investigar un poco acerca de este tema.

La otitis externa, conocida también como “oído del nadador”, es una infección asociada a los gérmenes presentes en las albercas y lagos. Se origina cuando queda agua en el canal del oído durante largos periodos. Esto crea un ambiente adecuado para el crecimiento bacteriano e infecciones en la piel, causando molestias y dolor en los nadadores de todas las edades.

Los síntomas aparecen pocos días después de haber nadado y generalmente incluyen comezón dentro del oído, enrojecimiento e inflamación, dolor cuando se presiona o jala la oreja, y secreción de pus del oído infectado.

Para prevenirla, se puede usar una gorra para nadar, tapones para evitar que entre el agua en los oídos, y secarse bien los oídos después de nadar.

Se recomienda inclinar la cabeza hacia los lados para permitir que el agua salga del canal auditivo y jalarse suavemente los lóbulos en distintas direcciones mientras mantiene la cabeza inclinada a los lados para ayudar a sacar el agua. No se recomienda introducir objetos dentro de los oídos, ni tampoco sacarse la cera de los oídos, ya que esta ayuda a proteger de las infecciones.

¿Condiciones apropiadas?

Antes de meterse al agua determinar si la alberca está en condiciones favorables. Use los sentidos. Verifique que el agua se vea transparente y azul, toque los mosaicos para sentir si están lisos y limpios, huela el agua para cerciorarse que no tenga olores fuertes y desagradables, escuche con atención para percatarse si el equipo de limpieza funciona.

De acuerdo a los códigos de salubridad, se debe checar el pH y el cloro de las albercas con frecuencia, pero existe la duda sobre si estos reglamentos se cumplen. Han habido casos de albercas publicas clausuradas por falta de higiene.

Una alberca sucia puede facilitar la transmisión de otras infecciones como el pie de atleta, hongos en las uñas e infecciones de tipo viral, como el moluscos contagiosos, el cual afecta principalmente a niños y jóvenes.

Los hongos de las uñas pueden ser contagiosos y afectar el resto de los dedos del pie.

Así que recurde cuidarse de no beber el agua de las albercas, ni de los lagos. Quizá a todos nos ha pasado que en ocasiones tanto niños como adultos involuntariamente ingerimos algo de estas aguas. Así que aplique medidas de higiene básicas, como hacer conciencia y bañarse antes de entrar a una alberca. Lo que mucha gente no cumple.

El lavado de manos después de ir al baño es también difícil de hacer cumplir, pero hay que hacerlo. Use sandalias y nunca permita que los niños vayan a la piscina cuando tienen diarrea.

También pregunte a los administradores de la alberca o gerentes del gimnasio acerca de los niveles aceptables de cloro y pH, para saber si es que han pasado favorablemente las inspecciones de salubridad.

Vázquez es dietista y nutrióloga con práctica en Dallas. Puedes escribirle a o llamar al 972-664-0846.

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