Niños desean que sus padres se quieran
PASTOR LYNN GODSEY/CUESTIONES DE FE | 7/28/2012, 8:34 a.m.
El verano puede ser un tiempo productivo y fructífero para la familia, ya que los hijos están en vacaciones. El Salmo 127:3 dice: “He aquí, la herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. Los que tenemos hijos sabemos que son una bendición de Dios y como padres, deseamos que sean felices.
Las necesidades de nuestros hijos e hijas son variadas, una de las más importantes para un buen desarrollo tanto emocional como físico, es la relación que exista entre los padres.
En una ocasión, hablaba con los niños de la iglesia para preguntarles como podía orar por ellos. ¿Les pregunte qué querían pedirle a Dios? Quizás piensas que deseaban pedirle juguetes, bicicletas, o ropa de moda.
Uno de los niños empezó a llorar. Le dije: ¿qué quieres pedirle a Dios? Él dijo: “Pastor, que mi papi y mi mami ya dejan de pelear”. Al decir eso, otros empezaron a llorar. Lo que más desean tus hijos, es que sean padres sean felices.
Nosotros los padres he-mos olvidado que nuestros hijos existen gracias al amor que nos unió. Al convertirnos en padres, muchas veces se nos olvida que somos también una pareja. Si nuestra relación esta desquebrajándose, por consiguiente vamos a afectar la vida de los hijos.
Al pensar en los papeles que desempeñamos en familia, aunque los hijos son de suma importancia, nunca se debe sobreponer al cónyuge por encima de los hijos. Ellos serán felices al saber que tienen padres que se aman, se respetan y se cuidan entre sí. Lo que viven sus papás, ellos lo reciben indirecta y directamente.
Cuando quedó embarazada mi esposa de nuestro primer hijo, al comunicarlo a nuestros parientes, les dijimos: “estamos embarazados”, y desde ese momento los dos vivimos un embarazo feliz. Estábamos acostumbrados a estar solos como pareja, y teníamos nuestras costumbres y libertades como una pareja sin niños. Al llegar nuestro bebé, nos dimos cuenta ya no podíamos continuarlo o debíamos cambiarlo, Por ejemplo, salidas a un restaurante fino, dormir hasta tarde, salir de paseo en cualquier momento, etc… Ya no éramos dos, había ahora un pequeñito que necesitaba cuidado y atención. Y fue muy emocionante el cambio, pero también agotador.
Afortunadamente contábamos con nuestra familia, y gracias a ellos, empezamos a dejar al niño, los viernes en la noche en su casa a dormir. Para la familia era el día de la semana más esperado, y para nosotros era una noche de pareja. Nos dedicábamos ese tiempo. Algunas noches íbamos a un restaurante, a las compras, o simplemente nos quedábamos en casa juntos. Esto fortaleció más nuestra relación.
Sé que no todos pueden hacer esto, pero es necesario que podamos pasar tiempo de calidad juntos como al principio. Ese tiempo de conversar y de escuchar, o solamente estar abrazados viendo una película es importante.
La armonía y felicidad de la familia depende principalmente de nosotros los padres. La tranquilidad y seguridad de los hijos dependen de nosotros los padres. Una familia unida depende de nosotros los padres.
Te invito a reflexionar, ¿cómo está tu relación con tu cónyuge?
¿Tienen tiempo para conversar y para escucharse?
¿Crees que cuando tus hijos crezcan, quieran tener una familia como la tuya?
¿Será que tu hija quiere ser una madre y tu hijo un padre como sus padres?
¿Sé sienten bien tantos tus hijos como tu cónyuge en la casa, desean pasar tiempo con la familia?
Si las respuestas a estas interrogantes son más negativas que positivas, es tiempo de hacer cambios en tu casa, todavía estás a tiempo. ¡Recordemos, que cuando los padres están felices, también lo estarán sus hijos!
El pastor Godsey es fundador y presidente de AHEM, la Alianza Hispana Evangélica del Metroplex.











