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Madres e hjas: relación difícil

ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 6/15/2012, 5:44 p.m.

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Rosalinda Weisz

Un tema ineludible en los tratamientos de psicoterapia es el del vínculo entre madres e hijas. Se trata de una relación difícil de definir y de describir, porque tiene etapas, cambia con el desarrollo, es mutante, se transforma y nos transforma.

Recuerdo el relato de Marta, cuya madre alcohólica era amable, poco afectiva y excelente ama de casa cuando estaba sobria, pero que la llenaba de angustia las pocas veces que se excedía con la bebida y había que cuidarla. Marta nunca sintió de parte de su madre un verdadero interés por ella, y duda de su amor. La falta de conexión emocional con su madre ha dejado a Marta con inseguridades acerca de su capacidad para ser amada y con una marcada necesidad de cuidar a los demás.

La experiencia de Diana es diferente, su madre la abandonó al cuidado de familiares para seguir a un hombre del cual se había enamorado. Diana vivió con diferentes familias, aunque fue su abuela materna la que funcionó como madre, sobrecargada por otras obligaciones y el cuidado de otros niños. Diana aprendió a defenderse en la vida, es trabajadora y responsable, pero sus vínculos emocionales son débiles, no está muy segura de que la quieran y mantiene cierta distancia con todos, como precaviéndose de repetir el sufrimiento del abandono original.

En el caso de Karina, el vínculo con su madre ha estado plagado de dificultades. Divorciada, esta señora se involucra en todos los aspectos de la vida de su hija, que se siente exigida y controlada. Karina no ha podido mantener una buena relación de pareja porque siente que su madre la invade e interfiere constantemente, impidiéndole ocupar un lugar adulto.

Hay madres que están permanentemente enojadas y cuyas hijas tratarán de evitar todo conflicto y serán complacientes con todos. Hay madres cuyas necesidades nunca están satisfechas y cuyas hijas sienten que jamás podrán contentarlas.

Sin embargo, en la mayor parte de los casos y cuando las cosas van bien, sentimientos de amor y resentimiento, aceptación y rechazo, acercamiento y alejamiento, se hacen presentes en las diferentes etapas del desarrollo y constituyen características normales de esta relación tan profunda e intensa.

En el mejor de los casos, como lo expresa la psicóloga García Maza en relación con la figura materna, “la idolatramos de niñas, la aborrecemos en la pubertad, es nuestra enemiga en la adolescencia, y, si todo marchó más o menos bien, la comprendemos y valoramos de adultas, acercándonos más a ella.”

Revisar la relación con la madre no es tarea fácil, no sólo por las dificultades de la relación misma, sino también por los frecuentes tabúes que nos impiden “pensar mal” de ella.

Sin embargo, el primer paso para mejorar, preservar o sanar la relación con tu madre es entender que ella es (o ha sido) humana, frágil, imperfecta y quizás portadora de una historia infeliz. El segundo paso es identificar y reconocer los aspectos de la relación que nos han dañado y lastimado, para no quedar atrapadas en el rencor y el dolor. El tercer paso es animarse a ser una misma y romper las ataduras enfermas por las cuales nos auto-designamos víctimas de la relación.

Un buen proceso de terapia que permita explorar las consecuencias de esta relación fundamental con nuestras madres, sin dejar de lado la importancia de la relación con los padres y otras relaciones significativas de la infancia y la adolescencia, ayudará a dar un nuevo significado a muchas de nuestras conductas.

Weisz es psicoterapeuta en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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