JORGE RAMOS: El peligro de otro error
JORGE RAMOS/OPINIÓN | 3/9/2012, 3:24 p.m.
Primero la disculpa: los periodistas nos equivocamos terriblemente en la guerra de Estados Unidos contra Irak. Dejamos que el presidente George W. Bush se inventara unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Y ahora la advertencia: cuando las tensiones mundiales sobre el programa nuclear de Irán generan comentarios acerca de un posible ataque militar, debemos resolver que no cometeremos dos veces el mismo error.
Si nos volvemos a equivocar, habrá guerra.
Oponerse a una guerra no es fácil. En marzo del 2003, a medida que los tambores de guerra retumbaban en Washington, una encuesta del Pew Research indicaba que 7 de cada 10 estadounidenses apoyaban un ataque contra el régimen de Saddam Hussein; con tan amplio apoyo político y popular no era fácil para nadie en los medios oponerse a un ataque militar. Aun así, un número relativamente pequeño de periodistas siguió insistiendo en que el régimen iraquí no planteaba una amenaza inminente a Estados Unidos, a sus aliados e intereses. Estos periodistas fueron rápidamente calificados como antipatriotas, y algunos fueron llamados traidores.
Pero después de los bombardeos, miles de muertos y miles de millones de dólares de gastos, la conclusión es ineludible: los periodistas debimos haber gritado más fuerte.
Bush se inventó esa guerra. Saddam no era un santo. Pero no tuvo nada que ver con los ataques terroristas del 9/11, no tenía armas de destrucción masiva ni era una amenaza inminente para Estados Unidos. Y quizás hubiera sido derrocado en una primavera árabe con menos iraquíes muertos que en la guerra. (Han muerto al menos 105,000 civiles en Irak, según www.IraqBodyCount.org)
Con Irán se está repitiendo el ambiente de guerra que precedió al conflicto contra Irak. Los candidatos republicanos a la presidencia amenazan con atacar Irán si el régimen de los ayatolas decide construir armas nucleares. Comentaristas y expertos guerreristas discuten en los canales de televisión por cable cómo y dónde realizar los primeros bombardeos.
Pero, hasta el momento, no hay ninguna prueba de que Irán esté construyendo armas nucleares. El diario The New York Times reportó recientemente que las 16 agencias de espionaje de Estados Unidos coinciden en que Irán sí quiere un programa nuclear pero que aún no ha decidido construir armas atómicas. La realidad es esta: Irán no tiene armas nucleares, y en consecuencia no hay razón para que Estados Unidos emprenda una guerra.
Por ahora.
Por supuesto, los líderes máximos de Irán están emitiendo amenazas contra Israel, y es casi imposible que alguien les crea cuando proclaman que su programa nuclear tiene fines pacíficos, únicamente enfocados a la producción de energía. El presidente iraní Mahmoud Amedinejad dijo en octubre del 2005 que Israel “debe desaparecer del mapa”. Además, su negativa a reconocer el holocausto y sus constantes ataques a Israel no dejan la menor duda de que, si tuviera armas nucleares, las apuntaría en contra del pueblo judío.
La guerra es el fracaso. La guerra significa que todo lo demás no funcionó. Y en el caso de las ambiciones nucleares de Irán aún hay que explorar muchas alternativas antes de tirar la primera bomba. Existe, desde luego, la esperanza que el propio pueblo iraní se deshaga de sus líderes autoritarios, como lo han hecho Egipto, Libia y Túnez. No es imposible pensar que los ayatolas iraníes caigan como ahora lo teme Bashar al-Assad en Siria.
















