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  • 5:35 a.m., 31/10/2014

Ernesto Peña Nieto, rostro fresco en partido viejo


E. EDUARDO CASTILLO/AP | 5/5/2012, 6:55 a.m.
Ernesto Peña Nieto, rostro fresco en partido viejo
Enrique Peña Nieto durante un evento de campaña en Nezahualcóyotl, en el Estado de México. | MARCO UGARTE/AP

Ciudad de México — A un mes de iniciada la vertiginosa campaña electoral mexicana, el candidato del antiguo partido dominante lleva 20 puntos de ventaja a sus principales rivales y atrae a miles de simpatizantes a actos estrictamente planificados.

De no mediar imprevistos, Enrique Peña Nieto devolverá la presidencia al Partido Revolucionario Institucional (PRI),12 años después que un electorado harto de la corrupción, el desgobierno y la represión a opositores puso fin a 71 años de regímenes autocráticos.

Peña Nieto seduce a muchos, pero también genera severas críticas en otros.

Sus críticos lo describen como un producto de la mercadotecnia televisiva, una cara bonita que es incapaz de improvisar y que siempre necesita un guión, algo que para sus partidarios son apreciaciones superficiales de un político al que ven como un buen líder, pragmático, incluyente, que sabe negociar, escuchar a la gente y, sobre todo, cumplir sus promesas.

Fama de pragmático

Educado en escuelas católicas, se opone al aborto aunque apoya excepciones como en caso de violación y riesgo para la madre; tampoco respalda la legalización de las drogas.

Su formación estuvo ligada al llamado Grupo Atlacomulco, una especie de clan que reúne a los políticos originarios de esa comunidad y que es considerado como representante de viejas prácticas de las que el partido querría deslindarse.

Abogado por la Universidad Panamericana, del movimiento católico ultraconservador Opus Dei, y maestro en administración por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Peña Nieto ingresó al PRI a los18 años, fue funcionario estatal y luego diputado local. Hasta entonces, sin embargo, no era muy conocido a nivel nacional.

Fue funcionario del gobernador Arturo Montiel, quien se convirtió en su principal mentor.

La imagen de Peña Nieto comenzó a extenderse a partir de que en el 2005 asumió como gobernador del Estado de México, cargo al que llegó con una inusual estrategia: firmar ante notario 608 compromisos de campaña que realizaría a lo largo de su gestión, lo cual le valió para ser conocido como un político pragmático enfocado menos en cuestiones ideológicas y más en la realización de obras públicas tangibles.

Ahora, rumbo a la presidencia, la principal estrategia es promoverlo como el hombre que sí cumple sus pro-mesas, aunque sus rivales políticos sostienen que algunos de esos compromisos no se llevaron a cabo en realidad, quedaron a medias o ya habían sido pactados con anterioridad.

Más economía y menos violencia

“Lo que me importará y será mi mayor prioridad será dar resultados”, dijo Peña Nieto, a quien le ha favorecido que parte de la población ha mostrado desilusión frente a promesas de cam-bio no realizadas y una espiral de violencia del narcotráfico que ha afectado al país durante los gobiernos del Parti-do Acción Nacional (PAN), que sacó al PRI de la presidencia en el 2000.

Su “obsesión”, dice, será promover el crecimiento económico para generar más empleos en un país en el que cerca de un 50% de la población es considerada pobre.

A diferencia del actual presidente Felipe Calderón, Peña Nieto dijo que su prioridad será reducir la violencia más que enfrentar a los capos del narcotráfico, aunque asegura que no dejará de combatirlos.

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