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Carlos Fuentes generó admiración de amigos y enemigos

En esta foto de octubre de 1995, el escritor mexicano Carlos Fuentes posa cerca de la Plaza Union en la ciudad de Nueva York. Independientemente de lo que se piense sobre sus ideas politicas, cualquier persona suficientemente afortunada para haber conversado con Fuentes debe haberse apreciado su imagen impecable y su amor por la lengua . | ARCHIVO AP

MARJORIE MILLER/AP | 5/16/2012, 2:28 p.m.

Ciudad de México — Sea cual fuere la reacción a sus ideas políticas, cualquiera que haya tenido la fortuna de conversar con el escritor Carlos Fuentes no podía dejar de admirar su porte patricio y su amor por el lenguaje.

Me impresionó la primera vez que vi a Fuentes en su casa de la capital mexicana en 1989 tras la publicación de Cristóbal Nonato, un relato orwelliano narrado por un feto sobre "Makesicko Seedy", expresión que usó el autor haciendo un juego de palabras en inglés que aludía a una Ciudad de México lúgubre.

Volví a verlo casi dos décadas después en un almuerzo en Los Angeles, con ocasión del lanzamiento de la versión en inglés del "La silla del águila", una sátira de la historia de la revolución mexicana y sus ataduras políticas.

Fuentes, fallecido el martes a los 83 años de edad, era amante de la buena mesa y la conversación. La prosa fluía de su boca como un manantial y jugaba con las palabras como disfruta un niño en el mar.

Sin que Fuentes lo supiera, lo entrevisté para su obituario, una práctica común en el periodismo. Mantenemos archivados obituarios de personalidades. En la mayoría de los casos, el reportero no informa al entrevistado de esa finalidad. Y aunque nunca escribí el obituario, quiero compartir hoy parte de la deliciosa tarde en la que charlamos de la vida, las artes y la política, acompañados de pescado y vino blanco en el restaurante Water Grill con nuestros respectivos cónyuges.

Al igual que Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, Fuentes pertenecía a una generación de escritores latinoamericanos a la vez literatos y políticos, autores y comentaristas sociales. Era un intelectual público.

"Uso dos sombreros", admitió, al estilo del autor francés Honoré de Balzac en la elaboración de una comedia humana, certeros retratos sociales e historias fantasmagóricas. "La imaginación existe y existe el comentario social. No son contradictorios".

Aunque vestía con elegancia y vivió con comodidad saltando de Londres a Nueva York y México, sus convicciones políticas eran de centro-izquierda. Respaldó la Cuba de Fidel Castro en sus comienzos y la revolución sandinista en Nicaragua. Esa combinación hizo que el comentarista mexicano Enrique Krauze lo tildara hace tiempo de "el dandi de la guerrilla" y un intelectual liviano en comparación con el pensador conservador mexicano y premio Nobel de Literatura Octavio Paz.

Empero, cuando Castro reprimió a los escritores e intelectuales, Fuentes lo criticó.

Hijo de un diplomático de carrera, Fuentes pasó su infancia en el extranjero y hablaba inglés con fluidez tras haber estudiado en Estados Unidos. Por ello muchos mexicanos lo consideraron "un gringo", al mismo tiempo que en Estados Unidos algunos lo veían como antiestadounidense por sus frecuentes críticas a la política de Washington en América Latina y otros lugares.

Desde luego, criticó con frecuencia al gobierno estadounidense y a un país rico que en su opinión debería cuidar más a sus pobres, aunque le gustaban verdaderamente los estadounidenses y su cultura.

"Tildarme de antiestadounidense es igual que decir que soy antisemita porque mi esposa no es judía", dijo durante un almuerzo en Los Angeles.

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