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REFLEXIONES: Los ritmos del amor

ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 5/21/2012, 8:45 a.m.

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Rosalinda Weisz

Todos los matrimonios y parejas que llevan largo tiempo sosteniéndose, atraviesan periodos de cambio y transición. Hace años el médico y psicólogo Paul Tournier declaró que se había casado seis veces con la misma mujer, ¡sin haberse divorciado nunca!

Seguramente la evolución de la pareja les permitió descubrir y desplegar aspectos muy diversos de la personalidad de cada uno.

Los momentos de zozobra emocional son esperables, constituyen fenómenos normales que permiten mantener vivo el vínculo y ayudan a crecer.

Algunos autores identifican las distintas etapas como períodos definidos: 1) el romance, 2) la desilusión y 3) el amor maduro. Otros describen fases que deben atravesar todos los matrimonios, negociando diferentes aspectos de la relación, tales como: pasión, rebelión, colaboración, reunión, explosión y finalmente conclusión.

Una paciente que consultaba por sentir que la relación matrimonial se desgastaba y por otras dificultades en su vida personal, se cuestionaba, luego de conocer en un viaje a un hombre que cautivó profundamente su interés, si quizás había hallado su verdadero amor, y que éste la esperaba fuera del matrimonio.

El psicólogo Sergio Sinay explica que, expresado de esa manera, “parecería que algo mágico ocurre”. “Sin embargo”, dice Sinay, “el amor no es algo que se encuentra… el amor es una construcción”. Y señala que el amor duradero requiere la capacidad de recrearse en el vínculo, de incluir miradas nuevas que permitan escucharse y comprenderse en un nuevo nivel. Este concepto permanece oculto para muchas parejas, y es fundamental que puedan incorporarlo.

El enamoramiento es diferente del amor, este último exige tiempo, empatía, interés mutuo por las necesidades del otro, paciencia y aceptación.

En este proceso, quizás sea necesario recordar que a pesar del deseo de todas las parejas de hacer juntos una vida feliz, es inevitable que surjan conflictos que parecen imposibles de resolver.

Es frecuente que cada miembro de la pareja logre reconocer (a veces a través de la terapia) que algunos de los problemas con los que se enfrentan, presentan una gran similitud con situaciones familiares en el pasado de uno o de ambos. Por ejemplo, una mujer que se da cuenta del gran parecido entre su esposo y su padre. O el marido que se siente controlado como un niño, de la misma manera en que se sentía dominado por una madre ansiosa y sobreprotectora.

Las terapias de pareja son beneficiosas para sortear este tipo de dilemas y, en momentos de crisis, permiten el desarrollo de una visión más real y optimista de las situaciones que interfieren con el crecimiento de la relación.

Es probable que muchos de los matrimonios que no pueden seguir adelante y sucumben, no hayan tenido en cuenta que el fuego del enamoramiento se consume y que debe ser sustituido por nuevos códigos de contacto y comunicación.

Independientemente de cómo se describa o de la interpretación que se le dé, lo importante es recordar que la relación matrimonial está siempre cambiando y desarrollándose. Es un proceso, y como tal, transcurrirá atravesando ciclos y etapas. A veces estas etapas se malinterpretan como falta de amor y lamentablemente se constituyen en argumentos para el divorcio.

Weisz es psicoterapeuta en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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