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Se extingue el grupo de testigos

12:00 AM CST on Saturday, November 22, 2008

Por DAVID FLICK

Con 45 años de práctica, Bill Newman repite lo que vio el 22 de noviembre de 1963, sin apasionarse y en rápida sucesión.

DAVID WOO/DMN
DAVID WOO/DMN
Bill y Gayle Newman (der.), testigos del asesinato de JFK, y Stephen Fagin (izq.), historiador del Sixth Floor Museum, observan una foto de la pareja Newman tomada durante el día del magnicidio.

Luego de presenciar el arribo del presidente John F. Kennedy al aeropuerto Dallas Love Field, condujo al límite de velocidad por Cedar Springs Road para llevar a su familia a la ruta del desfile en Dealey Plaza.

Llegaron unos cinco minutos antes que la caravana. Cuando la limusina presidencial se acercaba, oyó un sonido que le pareció un petardo, y luego otro.

JIM MAHONEY/DMN
JIM MAHONEY/DMN
Adriana Pichardo (izq.) y Anna Ramírez observan la placa de bronce que conmemora el asesinato de JFK en la calle Elm.

El presidente levantó brevemente sus brazos, y luego miró hacia la gente con expresión de desconcierto. Un tercer disparo. El presidente se desplomó sobre el regazo de su esposa.

Newman y su esposa, Gayle, hicieron a sus hijos echarse al suelo en la verde colina y, en un momento capturado por los fotógrafos y transmitido a todo el mundo, los cubrieron con sus cuerpos.

Como testigo viviente del drama de JFK, Newman, de 67 años, es miembro de un club cada vez más exclusivo.

Gary Mack, curador del Sixth Floor Museum en Dealey Plaza, calcula que de los cientos de personas que se hallaban en el lugar de los hechos ese día, menos de la mitad, tal vez solamente una cuarta parte, sobrevive hoy.

Desde minutos después del asesinato presidencial y hasta esta semana – en un programa en el Museo del Sexto Piso en el centro de Dallas – Newman ha recontado incesantemente la historia a reporteros, autoridades policiales, historiadores, teóricos conspirativos, amigos, familiares y curiosos extraños.

Para el electricista retirado, que ahora vive en Sachse, las décadas de contestar a las preguntas es un privilegio y una carga.

"Siento un poco de responsabilidad, siento una cierta obligación porque es mi modesta participación en un pedacito de historia", dijo. "Pero no fue un hecho determinante en mi vida".

El tiempo se ha estado desapareciendo rápidamente a los que desempeñaron un papel –grande o pequeño– en el drama de aquel fin de semana.

Nellie Connally, la ex primera dama de Texas y último ocupante de la limusina presidencial que sobrevivía, murió en el 2006.

Lady Bird Johnson, que viajaba en el auto que iba detrás, murió un año después.

"Nos estamos extinguiendo", dijo Ernest Brandt, de 82 años, uno de los testigos oculares que estuvieron en Dealey Plaza ese día.

El asesinato del presidente ha sido tan minuciosamente investigado y los testigos entrevistados con tanta frecuencia, que su desaparición gradual no afectará la narrativa de lo que pasó ese fin de semana en Dallas, dice Vincent Bugliosi, autor de un libro sobre el magnicidio.

"Si hay algún otro testigo que a estas alturas no haya contado su versión, puede estar 99.99 por ciento seguro de que no tiene nada nuevo que decir", dice Bugliosi.

Flick escribe para

The Dallas Morning News.

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